Mira que me gustan los Junior Boys en disco, incluso aunque su tercera entrega, Begone Dull Care, no acabe de ser tan redondo ni tenga tantos hits y/o canciones bonitas como los anteriores. Pero en vivo ya la primera vez que los vi, en el Sonar, me gustaron pero no. Recuerdo que despotriqué de que fueran vestidos de calle, muy poco sofisticados, y que rockearan un poco. Y ahora que los volví a ver, el viernes pasado en el Razz (en la Lolita, a horas intempestivas, salieron a las 03 h), me reafirmo. Yo es que me los imagino tocando en un lounge vienés, o en la cafetería en plan soviet de un hotel de San Petersburgo, sin sudar, gélidos, elegantes y sin esos toques rockistas. O sea que fuera guitarras, para empezar. Y la batería también, si me apuras. El concierto estuvo bien, aunque salieramos chorreando del calor que hacía, pero siempre queda ese pero con estos chicos. Jeremy se ha engordado un poco (chiste) y estaba cansado (queridos, no os autoimpongais esas giras -es lo malo de hoy en día, que se sabe todo, el día anterior habían tocado en Estocolmo y después se iban al Creamfields de El Ejido-) y se notaba, pero cuando canta se le perdona casi todo. Por cierto antes pinchó Omar una selección idónea de electropop del que a mí me gusta, o sea mucho Erlend Øye, solo o en cualquiera de sus electro-colaboraciones, mucho Røyksopp, St. Etienne, Bent...
Junior Boys live: sí pero no. ¿Los volveré a ver una tercera vez? Who knows!


