Viernes noche, 22.30 h, el momento del cambio de turno, el local a tope (muchos guiris) y aquello era un poco caótico, gente en la barra, entrando, saliendo, hora punta absoluta. Pero en un cuarto de hora nos acomodaron en una mesita y ya olvidamos este inicio, porque a partir de ahí todo funcionó perfecto y sin esperas, muy bien atendidos.
Empecemos. Primero pedimos un trifàsic, combinado de tapas con croquetas con romesco (muy ricas), ensaladilla con encurtidos (que no me entusiasmó tanto como a otros) y una "tapalata", escogimos los mejillones en escabeche con boniato (melosos y sorprendentes. Muy bien). También cayeron unos huevos con patatas y jamón ibérico y unas bravas, que van con dos salsas (pero con el inconveniente de que las patatas son las mismas de los huevos). Muy bien todo.
Rematamos con una pepita de butifarra con manzana (que resultó ser de morcilla), que hay que comer combinando en cada bocado la manzana confitada, la fresca y la pepita, sino queda muy sosa, y una refrescante coca de sardinas. Ya nos estábamos acabando la botella de Verdejo pero la ocasión pedía a gritos no dejar pasar los postres, así que...
Muy buena experiencia a pesar de las aglomeraciones iniciales, habrá que repetir para probar el secreto ibérico escabechado o el salmorejo de calabaza. La cuenta, 30 € por cabeza.
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